Helena Hernández

Radicada en Berlín luego de haber vivido en 15 ciudades, Helena continúa desdibujando límites desenfadadamente no solo geográficos sino también entre sus trabajos artísticos y su vida personal.

¿Cómo te presentarías brevemente ?

Helena, dibujante, amante de las plantas que producen frutos, entusiasta de pan de masa madre por hobby, escaladora de muros para superar el miedo a las alturas.

¿Cómo era tu vida en México?

Bellísima y caótica, yo era muy feliz en México. Creo que mis veinte fueron en sí todo lo que uno puede soñar con lo positivo y negativo. De no haber conocido a mi expareja no hubiera emigrado. Algún día volveré, quiero volver aunque no sé cuándo.
En cuanto al arte, mi desarrollo es mucho más evidente en Europa, ahora estando aquí es mi relación con el mundo del arte en México más adulto.

¿Qué recuerdas de tu viaje a Ciudad de México para realizar tus estudios?

Yo crecí en la Ciudad de México desde que tenía 12 años y me fui de ella poco a poco cuando cumplí 21, primero a Inglaterra y luego a Alemania donde ahora resido.
A esa ciudad grande le tuve un amor-odio por un tiempo, el caos, tráfico y contaminación hacían que todo lo atractivo que tiene se viera opacado.
Cuando comencé a estudiar yo me creía ya adulta. Yo estaba muy equivocada, la madurez la obtuve por varios altibajos durante mi trayectoria en este mundo. La vida académica en el momento en el que yo pisé la Universidad me parecía fascinante, no obstante mi tiempo en la universidad fue un vaivén de emociones que se vieron marcadas por mi estatus sentimental.


Siempre ha sido así, he sido muy enamoradiza, de la vida, de mis amistades, de mis parejas y en ocasiones me es imposible marcar límites contundentes. Es así como después de mucho sufrir asumí mi persona como es y me acepté.
La ciudad como concepto me encanta, siempre aplicaba la deriva como método de investigación artística y ya que el DF (como en ese entonces se llamaba la Ciudad de México) es tan grande, me permitió perderme muchas veces en sus calles. Extrañamente pocas veces sentí miedo real en sus calles, siempre iba precavida eso sí. Ser mujer en muchas partes del mundo nos obliga a poner atención y protegernos de la violencia hacia nosotras.

¿En qué momento comienza tu curiosidad en visitar otros países? ¿Qué experiencias consideras que fueron más significativas en tu persona y en tu carrera/profesión?

Yo nací en Ensenada porque mi padre realizaba sus estudios en esa ciudad. Pero así como tengo poca historia en Ensenada, tengo historias chiquitas en muchas partes tanto de México como de varias partes del mundo. He vivido en 15 ciudades distintas, me he mudado incontables veces de casa y he viajado mucho. De cada lugar tengo algún recuerdo que me hace ser quien soy. 

En este sentido las estrategias de adaptación las he estado practicando desde muy pequeña, me ayudan a ser empática con las personas que migran o que se refugian en países que tal vez son hostiles.

En 2018 elaboré el Manual de lo Posible donde dibujé algunos de los consejos para sobrevivir en este mundo, tanto de manera física como emocional. 

¿Cómo aparece Alemania en esos planes y, más concretamente, Berlín?

Alemania nunca estuvo en mis planes hasta que conocí a mi ahora ex pareja. Cuando estaba en la uni me hacía viviendo en Brasil o algún lugar en África.
A mis 24 años conocí a una persona con la que viví muchas aventuras y una de ellas fue mudarme a Alemania, primero a Konstanz, luego a Stuttgart, en medio hice una maestría en Lucerna, Suiza y al final llegué a Berlín.
Llegué dos veces a Berlín, una a finales del 2014 y la segunda cuando me separé de mi ex pareja y me vine a vivir a Neukölln, en donde vivo desde el 2016 y soy muy feliz.

¿Tu relación con la ilustración aparece en tu etapa de la universidad o fue anterior?

La ilustración la descubrí por mi queridísimo amigo Rafael Koller, un ilustrador suizo súper talentoso. Él fue mi pareja por unos años y con su trabajo me mostró que podía aceptar una parte en mí que no me gustaba porque la consideraba poco seria: divertirme con mis dibujos.
Así comencé a hacer ilustración. La verdad es que los trabajos comisionados nunca me han gustado pero he tenido varios que han sido un placer, han sido los que me dan mucha libertad de creación.

¿Crees que podría decirse que hay un recorrido desde lo figurativo a lo abstracto en tu trabajo?

Siempre he querido hacer todo en esta vida, como ya mencioné, me enamoro de todo. Tal vez por eso es difícil reconocer mi trabajo a simple vista, tengo muchos intereses y muchos estilos de dibujo. Mi pasión es dibujar y siento que yo dibujo hasta cuando cocino. De eso a tener una pieza lista para ser expuesta o que tenga ya un concepto artístico hay mucho camino.
Me he dado cuenta de que yo trabajo por proyecto o por series así que algunas piezas van en paralelo a otras, lo figurativo y lo abstracto no chocan en mi obra sino corresponden a las necesidades de mi trabajo.
Un ejemplo es el tipo dibujo que estoy haciendo ahora con hilos y aguja. Por una parte hago dibujo figurativo y por otra dibujo experimental y abstracto que me facilita dejarme llevar por la espontaneidad y imprecisión del trazo que es el que más me está gustando.

7- #beauty
Técnica: Lápiz y marcadores sobre cartón
Tamaño: ca. 8 x 12 cm
Año: 2018

7- #beauty
Técnica: Lápiz y marcadores sobre cartón
Tamaño: ca. 8 x 12 cm
Año: 2018

Si bien en muchos trabajos tuyos el color está presente, parece que tienes un buen manejo del blanco y negro…

Adoro el negro sobre el blanco o viceversa. Yo soy muy feliz con tinta negra y papel blanco. Todo comenzó en la universidad cuando de todos los materiales con los que experimenté siempre volvía a la tinta negra, en ese entonces conocí la indian ink y me encantó. Años más tarde cuando conocí a Rafael, descubrimos que a los dos nos gustaba mucho y que podíamos fusionar nuestros estilos reduciendo el dibujo a negro/blanco. Luego experimentamos más y nos dimos cuenta que en realidad nos complementamos bien ampliando la paleta de colores pero comenzamos con negro sobre blanco.

¿Cómo aparece el bordado en tu trabajo? ¿Sientes que hay un compromiso más exigente en el cuerpo con el bordado?

Yo bordaba desde pequeña como un hobby que le aprendí a mi madre. A mí me mueven mucho las agujas y de chica me bordaba las manos tratando de no pincharme. Mi abuela bordaba también y era de esa vieja escuela que examinaba bien cómo están hechos los bordados por detrás.
Ahora que redescubrí las agujas, los hilos, las telas tienen otro sentido. Creo que quiero encapsular tiempos en lo que hago. Me he dado cuenta que exige otra manera de acercamiento, se requiere al menos darle unas cuantas horas diarias para poder avanzar.


La paciencia no es uno de mis fuertes pero con el bordado he aprendido a ser paciente, tanto conmigo como con lo que estoy haciendo.
A mí me gusta ser móvil, el dibujo de lápiz o tinta sobre papel puede reducirse muchísimo en términos del material. Puedo por ejemplo tomar mi cuaderno de bocetos y un lápiz para viajar. Puedo dibujar casi que en cualquier lugar.
El bordado me ha hecho aumentar los materiales y con esto la manera de transportarlos. También pienso en qué momento de mi día voy a poder bordar y cómo voy a integrar esto en mi itinerario cotidiano.

¿Qué nos puedes contar sobre la experimentación que realizas en esas piezas?

Todo lo que estoy haciendo en bordado es nuevo para mí porque nunca he tenido una educación formal en esta disciplina. Yo lo llamo “dibujo con hilo”.
Los materiales, los errores, las puntadas, los elementos no propios del bordado me han llevado a estudiar más sobre una disciplina tan antigua.
Hasta ahora sigo muy entusiasmada con el bordado con hilo de papel sobre papel, es decir todo es papel y los resultados han sido espectaculares.

¿Podrías describir brevemente un recorrido por tus obras que consideres más significativas? Y ¿por qué eliges esas?

Considero Small Creatures parteaguas de mi trabajo dibujístico porque jugué mucho con los elementos y composición a escala mínima. Es la primera vez que hacía trabajos tan diminutos y que me hicieron querer dibujar mucho y cada vez sobre un espacio más reducido. Era como un reto.

El cuerpo de obra que hice con Rafael Koller que aún se puede ver aquí: http://www.the-ninxs.com/

Ella conjuga todo el amor al dibujo y el entendimiento/desentendimiento con respecto a las relaciones humanas; es decir mi relación con Rafael. 

Mi obra en la galería Saalbau cabe dentro de las más significativas porque creyeron en mi propuesta sin haber visto mucha obra terminada, me encantó trabajar en ella y los tamaños tan grandes de las piezas pudieron habitar la galería en todo su esplendor.

Los video-performances que hice sobre retículas de hojas A4 son para mí en términos de mi proceso súper decisivos ya que me hicieron pensar en el tiempo que invierto en mi trabajo y las salidas que puede tener y las piezas finales en las que se materializan.

Un cuardernillo que involucra tiempo encapsulado en el que canalicé mis horas de malestar en páginas y páginas. Son 2516 minutos de confrontamiento conmigo misma.

En esta pieza seleccioné una imagen de instagram filtrada desde el hashtag #beauty. Siempre a la misma hora por 20 días. Dibujé lo más preciso que pude las imágenes sobre cartón. Esta serie me parece imprescindible por la utilización de las redes sociales y el color, elemento raro en mi obra.

Las piezas de bordado diario que estoy haciendo ahora creo que tienen el potencial de enunciar de nuevo mi proceso temporal.

En “Look at me” decidiste que tu personaje no tenga rostro, una de las características que suele ser de mayor peso a la hora de realizar uno ¿qué nos puede contar sobre esa serie?

La serie viene de obra anterior en la que hice un manual para sobrevivir en este mundo llamado “Manual de lo Posible” en el que las personas ilustran situaciones a superar, en ese caso, la cara de las personas no eran para mí la prioridad ya que lo que hacían era más importante. Esto lo traduje al ámbito sensual/sexual con la serie “Look at Me” en la que las personajes pueden ser interpretadas como la misma y ya que no tienen rostro, como el reflejo del espectador. Esta serie es muy íntima y podría decir que me ilustra también a mí como ser lleno de inquietudes.

En relación a tu día a día: ¿en qué consiste tu set de trabajo habitual? ¿Eres de trabajar de manera solitaria o en grupo? ¿cómo interactúas con la ciudad?

Tengo rutinas semanales dependiendo de mis proyectos y trato de organizarme así. En tiempos en los que mi novio también trabajaba como freelancer era muy divertido combinar nuestros trabajos con mucha fiesta, ahora él tiene un trabajo fijo de profe y tratamos de mantener nuestros calendarios en sintonía pero respetando lo que tenemos que hacer; por ejemplo él está ahora de vacaciones por un mes en Italia y Grecia y yo trabajando en Berlín.

Durante la pandemia mi rutina se vio reflejada por la necesidad de ser productiva y comencé a levantarme antes de que saliera el sol, horneaba pan y me volví la señora de las plantas; ahora las cosas las he hecho más flexibles y aunque son muy importantes para mí no sigo mi rutina como antes al pie de la letra.

Últimamente trabajo sola en mis proyectos personales pero he colaborado de alguna u otra forma con más artistas e ilustradores, ciertos trabajos han sido como equipo/colectivo/dúo.
Me gusta mucho trabajar dando talleres de arte en equipo, mi partner in crime ahora es una artista española súper talentosa, Clara Joris con la que me llevo muy bien y me entiendo perfecto.
También estoy por trabajar con Carolina Dalmastro, artista argentina que hace teñido de lana y tela que es nuevo para mí y me entusiasma.

Con respecto a la ciudad, siempre he amado la vida de metrópolis y aunque Berlín no es tan grande, es una ciudad súper vibrante. Después de haber vivido en ciudades mucho más chicas, Berlín me cayó muy bien y aunque me duele que la gentrificación sea cada vez más evidente, aún hay espacios muy interesantes que influyen en mi hacer.

¿Qué te llevó a trabajar en formatos tan pequeños? ¿Tienes pensado regresar a obras de mayor escala?

Desde el 2011 hago dibujos miniatura, a falta de un taller me venía bien poder trabajar a escala menor. Hace unos años expuse obra muy grande en Viena que era parte de una exhibición en Berlín y el transporte se tornó muy complicado. Decidí solamente exhibir obra de pequeño formato o modular. Sigo trabajando en obra grande pero generalmente son expuestas en Berlín o digitalmente.

¿Qué importancia tienen para ti y cuánto influyen las redes sociales para traccionar tu carrera y/o comercializar tus obras? ¿Qué consideras que han sido tus mejores estrategias para exponer, posicionarte, vender obra, etc.? ¿Sientes que Berlín tiene una ventaja sobre las otras ciudades que conoces?

Me gusta Instagram no solamente para mostrar mi obra sino también para poder ver obra de artistas y colegas, es muy inspirador lo que ahí se puede encontrar. Yo procuro tener un trato directo con las personas interesadas en mi trabajo. La experiencia con galerías no ha sido del todo buena y las comisiones por venta son a veces muy altas así que la venta directa me ha funcionado mejor. Berlín en sí me funciona en términos de redes de contactos, así surgen proyectos interesantes. Ventajas sobre otras ciudades tal vez sea el caso en cuestiones de lo rica que puede ser la vida cultural y de la inmensa cantidad de organizaciones culturales y artísticas que tienen siempre mucho que ofrecer en ámbitos locales, es un semillero de artistas.

¿Trabajas también en el ámbito de la gestión cultural?

Soy parte de una organización no gubernamental que promueve la cultura en el sur de Berlín, en el barrio de Neukölln. Hacemos unas series de charlas en las que invitamos artistas para que nos hablen de su trabajo en un ambiente informal, hace una semana se estrenó el formato online pero creemos que las charlas presenciales son mucho más enriquecedoras.
Tengo un proyecto personal bastante joven que se llama Stitch Berlin y curo exhibiciones de bordado. Hasta ahora se han presentado tres volúmenes y estoy preparando tema para la cuarta exposición.

Si bien tienes un anclaje en lo académico, pareces no tener inconvenientes de romper con esa característica (supuesta) solemnidad e incursionas (de manera explícita) con piezas de humor (I draw) y sexualidad (look at me)…

Desde hace algunos años me di cuenta que quería divertirme también con lo que hago y que muchos de mis intereses están basados en el humor y en la sexualidad. Yo trabajo a partir de proyectos o series así que no se me dificulta abordar esos temas por medio de varias piezas o de un cuerpo de trabajo. Yo me asumo como una persona bastante sexual aunque tal vez no lo parezca y juego mucho con la representación muchas veces explícita otras sutil del sexo. “Look at me” es una selección de dibujos que podrían representar el reflejo femenino, el gusto por ser observada, el amor entre mujeres e inclusive el amor a una misma.

De a poco las restricciones están cediendo ¿Cómo te encuentra este momento y qué proyectos tienes hacia el futuro?

Ha sido muy duro porque para mí las restricciones cedieron de un momento a otro. De no tener mucho de donde elegir en términos de dar talleres a tener casi todo abierto y a veces sentir que le dice uno sí a todo. No ha sido solamente mi experiencia, personas que hacen trabajo de manera freelance están enfrentando burnouts porque todo recomienza y es difícil poner prioridades al trabajo. Estamos en reaprender a decir no. De hecho esta entrevista me encontró justo en ese momento en el que tuve que hacer de todo, sustituir a colegas, buscar materiales para proyectos, tener reuniones presenciales; todas estas actividades que no se hacían antes o se hacían online. Creo que la organización es clave para este reinicio presionado y tratar de tener actividades de esparcimiento también.
Ahora los proyectos personales vuelven a tomar forma y me emociona poder pasar una residencia artística de un mes en Islandia dentro de unos meses.

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