Luján Cambariere

Si buscáramos “salir del circulo del confort” debería estar su nombre. Conoce a Luján y su inagotable curiosidad y empuje.

¿Cómo te presentarías brevemente?

Soy periodista y curadora especializada en artesanía y diseño. Autora del libro “El alma de los objetos, Una mirada antropológica del diseño” y de “Mastercraft, Sobre la importancia de trabajar con las manos”. Además de la creadora de Atico de Diseño, espacio —ahora virtual— donde dictamos seminarios y talleres donde la disciplina se relaciona a valores esenciales de la vida y donde promovemos que “La inteligencia pase de las manos a la cabeza”. 

¿Cómo era tu vida en Argentina? ¿En qué consistía una semana “normal” en tu rutina?

Uhhhh se me pianta un lagrimón. Porque si bien estoy feliz en Berlín, mi decisión de estar acá no tuvo que ver ni con lo laboral ni con el deseo de vivir en otro país, sino lisa y llanamente que me enamoré de un diseñador alemán y la pandemia al no poder viajar, acelero que me quedara a vivir. 

En Argentina, o más precisamente Tigre donde vivía y tengo mi casa, una ciudad hermosa frente al río, mis días se repartían entre Atico de Diseño, mi escuela, que estaba emplazada en un ático hermoso al que se accedía por un montacargas y con una mesa gigante que era la vedette del espacio donde organizaba talleres y eventos de todo tipo siempre en clave artesanía, diseño y crafts y un ático de mi casa, más chico, desde donde escribía mis notas periodísticas, investigaciones y donde hacía mis sesiones de mentoría a diseñadores y artesanos.

Además, iba a baile con mis amigas (algo que extraño muchísimo), cuidaba mi jardín lleno de rosas de las que soy fanática al sol (algo que también empecé a valorar estando acá, el sol digo) y fundamentalmente vivía con mis dos hijos de 23 y 21 años, que extraño horrores y es lo que más me cuesta de vivir acá.

¿En qué proyectos estabas trabajando?

Previo a la pandemia, en los talleres de Atico, un proyecto de diseño como herramienta de inclusión social en una granja de adictos en recuperación que hago desde hace 12 años y hoy sostengo desde la gestión desde acá y la curaduría de una gran muestra sobre Diseño y Artesanía Latinoamericana apodada como mi libro “The Soul of Objects” para la feria Wanted Design en Nueva York. Luego cuando se suspendió todo, me enfoqué en el dictado de mi seminario sobre “El alma de los objetos” que dicté por primera vez con hallazgos increíbles para mí como la enorme cantidad de diseñadores latinos de todo el mundo que había leído y eran fans de mi libro (un mimo al alma en el más amplio sentido) y en mentorías individuales a diseñadores. Para luego sí, sumar talleres online de Atico que tienen muchísima repercusión a hoy porque al ser digitales y viviendo acá, sumo a diseñadores de todo el mundo, como profesores y como participantes.

Teniendo en cuenta que tus estudios son en Comunicación, ¿cómo llegan las artesanías en tu vida/proyectos?

En realidad primero debería explicar cómo llega el diseño y más precisamente su aspecto social que al sur del mundo involucra a la artesanía y que para mí es el gran paradigma. 

Desde muy joven, trabajé paralelamente en periodismo social y en diseño. Fue así como dirigiendo un micro solidario en Radio Continental donde daba a conocer distintas problemáticas y la organización o persona que aportaba lo suyo y en paralelo editaba el suplemento M2 dedicado al diseño de Página 12, comencé a meter mano en mis propios proyectos de diseño como herramienta de inclusión social, y así además de distintas poblaciones vulnerables (tuve un proyecto en la cárcel de mujeres de Ezeiza llamado “Marca Cárcel”) comencé a crear y gestionar proyectos con artesanos, hasta que los últimos años, tuve el honor de ser curadora de Saber Hacer en el marco del Programa Nacional de Artesanía y Diseño Argentino. Como me importa la persona que está detrás del objeto, lo humano, la artesanía viene de la mano.

Pareciera que tenías todo bastante resuelto y consolidado en Argentina, ¿qué te llevó a cambiar radicalmente de planes?

Enamorarme del amor de mi vida.

¿Tuviste tiempo de armar alguna expectativa de cómo iba a ser migrar y radicarte en Berlín?

Podría escribir un libro, que definitivamente sería una novela, de mi venida acá en plena pandemia. Porque cuando conocí a mi pareja, lo primero fueron venidas mías más de turista, y la pandemia me dejó varada en la Argentina, con las fronteras cerradas (él acaba de volverse después de su primera y única visita a Argentina), así que mi regreso a Berlín fue una gran osadía y ejemplo absoluto de resiliencia y empuje latino.

Hoy y a mi edad y con una carrera más que consolidada en mi país, la adaptación en diaria con el ego metido en el bolsillo y el corazón siempre en la mano y la emoción a flor de piel ya que recién hace un mes, y mediante una visa de estudio, pudo venir mi hijo más chico al que no veía hace 8 meses.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en lo profesional aquí?

En pandemia, así que por ahora no siento que son aquí sino on line, ya que continúo viviendo de mis consultorías y talleres on line que doy a mi amplia comunidad. Ahora que de a poco todo se comienza a abrir, sueño con comenzar con mis talleres presenciales en el estudio de mi pareja en Mitte y a generar vínculos locales que como periodista es lo que me alimenta.

Trabajaste como periodista, curadora, gestora cultural, investigadora, artesana/artista… creo que no hay nadie mejor a quién preguntarle: ¿Qué es el arte?

Uh, en realidad es una respuesta que no puedo darte, porque lo mío es el diseño y  la artesanía. Y abrazo estas disciplinas porque tienen su razón de ser en un otro, generando interfaces para hacernos la vida más feliz.

¿Cómo es tu posición ante la eterna disputa entre arte y artesanía?

Te voy a responder con dos frases que amo de quien para mi, mejor ha definido a la artesanía, el gran escritor mexicano Octavio Paz: “Entre el tiempo sin tiempo del museo, y el tiempo acelerado de la técnica, la artesanía palpita el tiempo humano” y “El objeto artesanal no tiene una separación entre útil y bello”. 

Para mi no hay disputa alguna, yo siempre elijo el ARTE-SANO. Una práctica en general colectiva, sin preponderancia de la firma, con una relación directa a los materiales nobles, la naturaleza y el terapéutico trabajo con las manos.

No te presentas a ti misma como “artista” pero no veo diferencias entre lo que haces tú (buscar un tema, investigar, trabajar con un equipo idóneo y exponer en múltiples formatos) y lo que hacen renombradísimos artistas en todo el mundo que trabajan con equipos de personas. ¿A qué se debe?

Eso tiene que ver con la respuesta anterior. No me dedico al arte, sino al diseño y la artesanía, y además no me interesan para nada los rótulos. De hecho para mis colegas periodistas soy la diseñadora y para los diseñadores, la periodista. A la larga, el no pertenecer, sacó lo mejor de mi. 

¿Existe un punto en común entre todos tus trabajos? ¿Qué es lo que te seduce de llevar a cabo uno?

Absolutamente; los valores esenciales de la vida -el amor y los vínculos, el juego en la niñez, los rituales, procesos e importancia de trabajar con las manos, la empatía, que materializo o trato de hacerlo a través de mi trabajo.

¿Cómo encaras cada proyecto? ¿Cuáles han calado más hondo en ti y por qué?

En realidad todos se retroalimentan. Mi vocación de periodista me lleva a investigar y conocer profesionales de mis disciplinas que por entrevistarlos conozco de primera mano y entonces se me ocurren propuestas de muestras o talleres. Lo que más disfruto de mi trabajo es eso. La creatividad, el generar siempre propuestas propias, intercambiando cuando desde la co-creación con tanta gente que maneja técnicas y materiales diversos. 

Ha habido varios casos famosos donde influencers han sido denunciadxs por apropiación cultural ¿Qué opinas sobre ese tema? ¿Crees que hay matices en la discusión?

Como mi trabajo es siempre en este binomio del diseño y la artesanía, esta es una de las preguntas del millón que tiene que ver con la ética y la gente, algo que no necesariamente se aprende. En estos escenarios hay quizás un 10% de diseño y 90% de vocación social y empatía. De reconocer para conocer, una frase que repito mucho en mi libro. Y por supuesto de “Interferir sin herir”. Para todo eso, yo tengo mi particular mecánica que repito en cada uno de mis trabajos con comunidades de diseñadores y artesanos.

¿En qué estás trabajando en estos momentos?

En proponer un proyecto/seminario distinto por mes desde mi escuela Atico de diseño, el aprendizaje de originales técnicas o empleo de materiales que siempre tienen que ver con imponer valores humanos, como uno de los más recientes “Demorándome” o el de bioplásticos. Y sobre todo en algo que me esta apasionando que es hacer consultorías, mentorías a diseñadores de todo el mundo que quieran trabajar desde mi particular mirada antropológica, desde su esencia y no desde la tendencia, desde volver atrás a su niñez, que es donde para mí se cuece la creatividad futura y a la energía de sus objetos, en pos de la creación de una colección o emprendimiento. Poder comunicarlo e introducirlo en el mercado. Además de mi trabajo como periodista y curadora con la inauguración de mi plataforma Patreon y mi Podcast “El don de hacer”.

¿Qué expectativas tienes encarando el 2022?

¡Todas! Primero, aunque le estoy terriblemente agradecida y voy a continuar porque me permite ofrecer mi contenido al mundo entero, poder salir un poco de la virtualidad para hacer proyectos de muestras y talleres en Berlín. Y que el mundo sea más fácil y fluido para que sobre todo mis hijos y también colegas y  amigos puedan viajar y ser el puente que siempre fui para lo latino.

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