Sasha Laskowsky-Ziguilinsky

Su irrefrenable pulsión por dibujar nos permite conocer las aparentes cientos de vidas vividas por Sasha (aka Neopren).

Naciste y viviste en tu primera etapa en Chile, ¿cómo fueron esos años y cómo la observas ahora a la distancia?

Provengo de una familia multi-migrante y nunca he tenido un gran sentido de arraigo. Crecí en el desierto y las noches estrelladas de Atacama siguen siendo una influencia constante. Pero aunque Chile es una parte importante de mi identidad cultural, es también una memoria difusa: la mitad de mi vida la viví en Chile y sin embargo es como un recuerdo de vidas pasadas.

© Sasha Laskowsky-Ziguilinsky
© Sasha Laskowsky-Ziguilinsky

¿Fue el contexto chileno lo que te llevó a iniciarte en el arte contestatario o sientes que es algo que iba a salir de ti en cualquier parte del mundo?

Empecé con ilustraciones políticas inspirado por mi amor adolescente de agitprop y propaganda gráfica soviética. Esos primeros afiches eran mis comentarios semanales a dinámicas sociales chilenas o internacionales. En retrospectiva, ahora entiendo que es casi un privilegio poder satirizar sin temer consecuencias penales: en muchos de los países en los que he vivido, un solo dibujo en contra del gobierno o sus aliados puede asegurarte una temporada de cárcel.

¿Qué cosas llevaron a irte de tu ciudad? ¿Cómo fue el recorrido de las ciudades donde viviste? ¿Cómo terminas en Berlín?


Una serie de derrotas y procesos personales hicieron del escape mi estrategia de supervivencia. Abandoné Chile hace diez años y me radiqué un tiempo en Praga, y por problemas de visa esos primeros años los pasé recorriendo el mapa a pie, entrando y saliendo de Europa, durmiendo en bosques y playas y conociendo un montón de buena gente en el camino. Fue un periodo de movimiento constante y un millón de aventuras: navegué el Danubio en una balsa de botellas, establecí una comuna libre en Chipre, fui instructor de dibujo en Bangkok y publiqué en Estambul y Tel Aviv. Y este último periodo me divido entre Berlín y Moscú.

Entendiendo que todo nos afecta de mayor o menor manera como personas y artistas ¿qué cosas de esas ciudades recuerdas que cambiaron significativamente tu arte?

Más que localidades en particular, creo que la forma de viajar es lo que más ha condicionado mi producción. Muchos de esos años los viví en la calle, cargando lo fundamental y el bolígrafo se convirtió en mi herramienta favorita. Conservo los dibujos que me gustan en cuadernos y carpetas; y poco a poco estas bitácoras han ido creciendo y multiplicándose, ocupando todo el espacio disponible en mi mochila. Ahora solo llevo conmigo las más recientes y el resto está distribuido en casas de amigos alrededor del mundo.

¿Cuál es tu relación con Berlín?

Desde hace un par de años vengo por temporadas a trabajar en Berlín, pero no podría vivir acá permanentemente; quizás es la excesiva burocracia o ciertas particularidades de Berlín a las que no logro acostumbrarme.

¿Cuándo y en qué circunstancias nace Neopren?

Comencé a usar ese alias cuando aún vivía en Chile. Por ese entonces, trabajaba de diseñador de portadas para un montón de editoriales sudamericanas, y la creatividad excedente la agotaba en ilustraciones políticas o culturales, o de cualquier otra cosa que me estuviera interesado en ese momento.

Eres muy prolífico, pero a pesar de eso prefieres tener un trabajo mecánico, alejado del mundo del arte para no depender de tus obras ¿Nos podrías contar un poco más sobre esa decisión?

Creo que va en parte por mi rechazo al concepto de artista como una categoría especial. No tengo formación académica artística y, en general, vivo al margen de ese mundo. No suelo visitar regularmente galerías de arte contemporáneo, y evito particularmente la pintura abstracta, los artist statements, la verborrea conceptual y la falta de autodisciplina pictórica. Paradójicamente, trabajar como obrero de construcción u operario de fabrica me permite maximizar el uso de mis horas libres y puedo así dedicarme exclusivamente a pintar; no tengo que llevarme trabajo a la casa o diluir mi vocación ilustrando brochures corporativos. Dibujar es una pulsión: dibujo porque no puedo no dibujar. Trato de dejar fuera la inevitable frustración del artista pobre e impido así que mis propias necesidades materiales infecten mi visión. En ese sentido, mi ética es crear como si no existiese un mercado.

© Sasha Laskowsky-Ziguilinsky
© Sasha Laskowsky-Ziguilinsky

Pese que te han tentado a ingresar en el Cryptoart – NFTs, eliges hacerte a un lado y seguir a tu modo ¿Cuál es tu mirada con este nuevo fenómeno?

Creo que el modelo reciente de NFTs toma lo peor del mercado artístico, el emprendimiento digital y el delirio influencer. Un coleccionismo brutal, basado en la más absurda escasez artificial y propulsado por tecnologías que requieren un consumo energético demencial.

Retomando tus innumerables bitácoras ¿qué representan ellas para tí?

Dibujo todo el tiempo. Me gustan especialmente esas situaciones en las que sólo puedes estar sentado y dibujar, como salas de espera o viajes en bus. No suelo usar smartphones y limito así mi atención en el papel. Estos dibujos son la materia prima. Mi método de trabajo consiste en escanear las bitácoras y luego seleccionar, editar, y colorear digitalmente. Usualmente termino construyendo visiones de diálogos y pactos, diagramas de relaciones y escenas rituales.

No parecieras tener un método basado en la inspiración espontánea sino más bien en el ejercicio constante de dibujar y pintar sin parar, ¿es así?

La inspiración es espontánea solo al momento de dibujar: ahí dejo que las líneas y accidentes se conviertan en dibujos sin mucho esfuerzo consciente de dirigir la ilustración. Todo el proceso de edición viene luego, con computador o tijeras, cuando combino y permuto los dibujos. Muchas de esas piezas digitalizadas las traduzco nuevamente al lienzo, tratando de reproducirlas con la mayor fidelidad posible en el mundo material.

La línea parece tener una gran importancia para ti…

Sí, en mis cuadros pasó la mayor parte del tiempo pintando meticulosamente las líneas, tratando de emular en el lienzo la intensidad y definición del bolígrafo en papel. Son horas y días de precisión obsesiva con un pincel súper fino, recreando contornos en tinta acrílica. Creo que eso le da a mis pinturas una cualidad casi mecánica, de reproducción impresa.

¿De dónde nace esa infinidad de personajes que dibujas? ¿Qué intentan decirnos?

Mis dibujos intentan ser una guía de rituales y mitos para un mañana lejano e incierto. Con mi obra trato de ilustrar el futuro de la humanidad, si es que de algún modo logramos sobrevivir el inminente cataclismo. Interpretamos el universo a través de nuestra forma humana: todas nuestras ideas de diferenciación y multiplicidad son traducciones químicas de impulsos electromagnéticos. Creo que de algún modo alcanzaremos un momento evolutivo en que los conceptos de tiempo y muerte desaparecerán de nuestra experiencia: reemplazaremos finalmente la lógica de la realidad con una desarticulación continua del ego y un habitación permanente en el mundo de los sueños.

Es impresionante perderse en los detalles de cada personaje, la multiculturalidad de los símbolos que usas van desde el arte latinoamericano andino hasta un mensaje escrito en ruso o hebreo… ¿te afecta de alguna manera cómo reacciona la gente ante tus obras, ya sea cuando logran descifrar esos detalles o los pasan por alto?

Dibujo semi conscientemente. Usualmente vivo en países en los que no entiendo el idioma y paso la mayor parte del tiempo absorto en mi propio mundo. Mis dibujos suelen estar inspirados por los libros o temas que esté investigando (principalmente mitología y religión). Aunque los títulos de las ilustraciones explican este contexto, la mayoría de los dibujos los publico en Instagram que es un formato que no te deja detener a observar detalles .
En cambio, con la obra impresa la reacción es distinta ya que el papel permite descubrir esas relaciones simbólicas con calma, sin distracciones. Por ejemplo, con la publicación de mi baraja de tarot A wicked pack of cards; me llevó poco más de una década estructurar el significado de cada carta de acuerdo a la tradición interpretativa y es importante para mi que el lector pueda traducir esa simbología.

© Sasha Laskowsky-Ziguilinsky
© Sasha Laskowsky-Ziguilinsky
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¿Tienes experiencia trabajando en grupo en proyectos creativos? ¿Cuáles y cómo fueron esas experiencias?

Mi proceso plástico es principalmente solitario y personal, y me siento más a gusto colaborando con creadores de otras disciplinas, como músicos, cineastas y escritores. En este sentido, un proyecto importante fue Void Parables, una baraja de cartas ideadas en Estambul junto al escritor Mahmud Sıfatsız.

¿Qué significan los fanzines para ti?

Veo al fanzine como lo contrario de un NFT. Es barato, fácilmente reproducible, no hay barreras de entrada y es distribuido en economías circulares a escala humana. La autogestión es fundamental. DIY or Die.

De todos los formatos que has explorado, ¿Cuáles te gusta trabajar más?

Disfruto lo impreso, los formatos tangibles, la distribución material. Me gusta el papel, la tinta, los pigmentos. Desconfío de la digitalización permanente de la experiencia humana. Bastará una erupción solar grande, un pulso electromagnético lo suficientemente poderoso y lo perderemos todo en un instante. He intentado alejarme paulatinamente de la producción digital. Quiero experiencias táctiles, corpóreas, no mediadas por pantallas o simulaciones de presencia.

¿En qué te encuentras trabajando hoy en día? ¿Cuáles son tus planes para lo que resta del año?

Por lo pronto seguir dibujando y finalizar un par de pintura cada mes. Y viajar a Rusia cuando se pueda para reencontrarme con mi familia.

Para ver la obra de Sasha y estár en contacto con él:

Instagram

Behance

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