Mauricio Velasierra

En su niñez Mauricio fue encantado por las melodías de los aerófonos andinos en su Medellín natal. Hoy ese hechizo sigue intacto y con esos sonidos a logrado experimentar en terrenos no explorados

¿Cómo son tus primeros recuerdos de la música en tu vida y cuáles con los instrumentos ?

Desde que tengo memoria me interesaron los sonidos naturales, aves y otros animales y, según mi familia, aprendí a silbar antes de que pudiera hablar.

Naturalmente los primeros instrumentos que me llamaron la atención fueron los de viento, inicialmente coleccionaba flautas dulces, estas venían normalmente en tres partes, yo experimentaba haciendo diferentes combinaciones para obtener el mejor sonido y cuando salía de vacaciones improvisaba melodías (sin conocer el significado de la palabra improvisar) para mis amigos que terminaron por llamarme el encantador de serpientes.

Mi primer encuentro con las quenas, fue en un mercado de artesanías en Medellín, donde observaba hipnotizado a un músico tocando su propia quena.

En ese momento me enamoré de los aerófonos andinos con pasión y un poco de obsesión.

¿Qué tan presente está para ti Colombia a pesar de llevar tanto tiempo fuera del país? ¿En qué situaciones se potencia?

El cerebro de un niño es como una cinta que graba indeleblemente las primeras impresiones, para mi los ritmos de Colombia y Latinoamérica están tallados en mi alma y cuerpo, pero igualmente crecí con los sonidos de la radio, música clásica, pop rock, rap, metal (tuve una era de metalero), en ese sentido muchos de nosotros crecimos con un oído internacional.

Mi primeras impresiones formadoras vienen de las bandas andinas que tocaban en el centro de la ciudad en vivo, una experiencia fuerte y ancestral.

La cumbia, el vallenato, y la música tradicional colombiana (que es extensa) pertenecían al mundo de los adultos así que solo la empecé a apreciar en serio cuando me convertí en adulto (todavía no se que significa eso). Así que mi viaje de Colombia al resto del mundo ya había empezado en mi oído.

Las memorias de Colombia afectan la música que compongo y produzco de manera orgánica, esto se hace más obvio en la naturaleza robusta de los ritmos nuevos que trato de encontrar.

Por si quieren leer la nota con su música

Estuviste viviendo en varias ciudades europeas antes de venir a Berlín ¿por qué terminaste viniendo aquí?

Después de Colombia vino Londres donde tenía familia y donde estudié mi universidad. París fue un romance musical que duró casi un año y Berlín es la ciudad que entiende la mezcla ecléctica que llevo en mi sangre, donde en vez de preguntar, ¿qué es esa música? simplemente la entienden y la aprecian.

Aquí he encontrado una comunidad de músicos con mentes abiertas, con una excelente ética de trabajo y con un nivel profesional bastante alto.

Para mi el alma de esta ciudad tiene todos los elementos que atraen a inventores y exploradores de la música, el lugar perfecto para crear y crecer.

Además de músico te dedicas a la luthería, ¿qué nos puedes contar de esa faceta?

Hoy en día mi curiosidad está enfocada en encontrar nuevos sonidos, ya sea por medios acústicos o electrónicos.

La composición, la práctica y los conciertos se han tomado la mayor parte de mi vida, pero comencé en mi búsqueda de nuevos sonidos, por rediseñar la quena para poder tocar las ideas que entraban en mi cabeza, así que estudié acústica y diseño de instrumentos en la universidad para poder desarrollar aspectos técnicos que me permitieran tocar todos tipos de música, y no estar limitado a una o dos tonalidades.

Me encanta la parte del diseño de instrumentos, pero cuando se refiere a la construcción tengo mucho respeto por los luthiers, que como en la música, practican todos los días para ejercer su arte, así que que hoy en día tiendo a colaborar con luthiers cuando necesito un instrumento nuevo ya que he perdido la práctica y las herramientas, pero ha sido imprescindible entender mis instrumentos a nivel físico para aprender a trabajar con las dimensiones físicas y acústicas de los aerófonos andinos.

¿Cómo describirías tu relación con los instrumentos de viento andinos?

Los instrumentos andinos, especialmente los de viento y específicamente la quena, me buscaron y encontraron mi alma. Para mí son parte clara de mi destino y veo a mis instrumentos más como seres, cada uno tiene una personalidad y son para mí sagrados. Nunca dejo que otros toquen mis instrumentos, no tanto por la parte higiénica, sino más bien por que cuando he dejado que alguien toque mis instrumentos me toma algunos días para recobrar el tono que ya había encontrado.

Estos instrumentos siempre me están enseñando cosas nuevas y a través de ellos siento una conexión fuerte a la naturaleza, son pedazos de madera y bambú por los cuales fluyen la creatividad de la naturaleza.

A pesar de eso también tienes mucho procesamiento digital ¿cómo es tu set?

Para mí la parte electrónica es parte de la expansión de las ideas musicales. Mi relación con el reino digital empezó durante mis estudios en la universidad de Guildhall en Londres, donde tuve la idea de combinar la quena con elementos MIDI. En ese tiempo la tecnología que buscaba estaba en su infancia. En los últimos años y, especialmente en los últimos 6 meses, esta búsqueda se ha convertido en una necesidad creativa y he encontrado nuevos micrófonos que me permiten capturar el sonido de la quena de una manera más directa, lo que a su vez me permite enviar el sonido a un par de procesadores que convierten la señal de sonido a notas MIDI. De allí manipulo los datos MIDI con una series de pedales y sintetizadores.

Cada día estoy explorando en la mezcla que encuentre más interesante, entre el sonido acústico y los colores orquestales que me ofrece la manipulación digital.

¿Cómo fue tu trayectoria como músico desde que llegaste a Europa hasta que empezaste Velasierra Quintet?

Cuando llegué a Londres, estudié en un colegio que ponía mucho énfasis en la educación musical, en medio de los estudios formamos un grupo de jazz que se llamaba “Hidden Cadence”. El grupo necesitaba un percusionista y yo tocaba un poco, así que empecé mi carrera musical en Europa como percusionista, al mismo tiempo desarrollaba todas las técnicas en la quena que me permitió tocar con ensambles de música contemporánea y jazz moderno con los que tocaría más tarde.

Poco a poco fui añadiendo la quena a los grupos con los que tocaba pero, como golpeaba las congas tan duro, mis dedos se inflamaban y llegué a un punto crítico en el que tuve que decidir y obviamente ganó la quena. Luego comencé a recopilar melodías que había grabado y empecé a componer mi primer EP (Stories of I), llamé a mis amigos músicos que en ese tiempo eran bien reconocidos en la escena musical de Londres (Tom Herbert, Tom Skinner, Dario E.) y grabé en un ático donde había construido un mini estudio. Lo grabé todo solo y lo saqué en mi propio sello.

La evolución natural era expandir las ideas que había desarrollado, tomando ritmos que rondaban en mi cabeza desde Latinoamérica y nuevas melodías, para experimentar con un grupo que tuviera varias características específicas: los músicos deberían tener la habilidad de improvisar fluidamente, leer música eficientemente e interpretar grooves específicos con autoridad.

Así nació el quinteto y el primer álbum (Rodar), con Camilo Menjura en las cuerdas y voz  (guitarra, cuatro, charango, tiple), Henrik Jensen (contrabajo), Gregorio Merchan (batería) y la increíble Jenny Adejayan (cello).

¿Cómo resumirías tu experiencia en el Velasierra Quintet?

Una risa continua, una familia y una experiencia donde aprendí a guiar la música y a arreglar para cada personalidad. Una época llena de humor y generosidad, estoy de verdad muy agradecido a estos grandes músicos

Ahí, en el quinteto, se notaba un anclaje fuerte en algunas características de la música latinoamericana pero iban a otros géneros como el funk o el jazz de una manera fluida/armónica…

Lo primero que escribí en mi libro de composición en letras enormes fue “SIN COMPROMISOS” quería que las composiciones fueran dictadas por el flujo natural de la música que, como un río, lo mezcla todo y lleva con sigo sus raíces mientras todo lo cubre desde la superficie a la profundidad

Luego llega Witch ‘n’ Monk donde encontramos un nivel de experimentación mayor… ¿qué nos puedes contar del dúo y la música que componen?

Witch ’n’ Monk es una simbiosis musical completa, somos el ente creativo compuesto por la inmensamente talentosa Heidi Heidelberg y yo.

Heidi canta en todos los estilos e idiomas y toca guitarra y yo transformo a toda mi tropa de flautas a veces en bajos profundos, melodías cálidas y acordes angulares.

Poco a poco fuimos desarrollando la música, desde nuestra primera colaboración en París hasta conciertos y giras por todo el mundo.

Componemos todo de manera colaborativa, y hemos desarrollado un mundo de técnicas y sistemas donde no se sabe dónde empieza la una o termina el otro y luego tocamos las piezas en varios formatos que varían desde el dúo hasta el octeto.

Hace 7 años por un destino mágico nos encontramos en un festival al cual llegamos por casualidad. Inmediatamente comenzamos a hacer música. Tomó varios años desarrollar el sonido que tenemos hoy, utilizando todas nuestras piernas y manos para crear, ritmos, acordes, melodías y todas las combinaciones que se nos ocurren, es el regalo más lindo que me ha dado la vida y el que más me ha enseñado.

Entre Colombia y Europa, instrumentos andinos y pedales eléctricos, canción folclórica a experimentación atonal… se nota un desapego a la idea de límites y estándares…

Ahí es donde nos encontramos Heidi y yo al 100%, de una manera muy natural siempre gravitamos hacia el descubrimiento de un nuevo sonido o un nuevo formato. Muchas veces empezamos con la frase “esta vez hacemos una pieza simple” y de alguna manera 4 días más tarde, después de no dormir y comer papas fritas, aparecen composiciones de 10 secciones. Aunque últimamente esta meta se ha cumplido un poco más con un par de temas lentos pero la verdad, si uno es honesto y se abre a las posibilidades, la música te guía de una manera única, a encontrar los entornos y límites de lo que uno es y puede hacer. Esto tal vez  se refleja en nuestra música, una unión completa donde no hay dueño de la música ni jerarquía, sólo el flujo de la música pasando por nosotros como un filtro que debe comunicar emociones y mundos nuevos.

¿Eres de involucrarte en todos los aspectos de lo que implica vivir como músico (componer, practicar, arte del disco, programar giras, asuntos burocráticos, etc.)? En caso afirmativo ¿qué partes disfrutas y cuáles no?

Sí, hoy en día el músico lo puede hacer todo, diseñador gráfico, técnico de sonido, videografo, booker, organizador, etc.

Realmente me encanta ser músico y me siento eternamente agradecido de poder crear sonidos y piezas musicales, pero no es siempre fácil, empezando con la música misma que siempre te presenta retos y constantes enseñanzas.

Una parte que aprendí a disfrutar más tarde fue la parte de la programación de giras. Al principio parecía imposible y es fácil querer rendirse, pero con la experiencia he aprendido a convertirlo en un tipo de juego, haciendo listas llenas de colores e imágenes, mapas mentales y nuevas maneras de encontrar conexiones reales con las personas con las que colaboramos o con los festivales que nos presentan. Así que poco a poco el trabajo se ha convertido en una caja de juegos que hay que sacar cada semana.

Desde hace décadas se vienen repitiendo dos frases “ya está todo inventado” y “es el fin de la industria musical” ¿Cómo crees que se encuentra la música actual en términos de novedades, circulación/democratización, plataformas, formatos y posibilidad de vivir dignamente siendo músico?

Soy partidario de intentar crear tu propia realidad, inicialmente puede parecer imposible pero poco a poco se van alineando las cosas y uno va inventando maneras de cambiar su percepción y eventualmente cambia la realidad de cada día.

Hay que hacer saltos que parecen imposibles, a veces dolorosos, pero todos los obstáculos son como modos de transporte que te llevan a donde quieres ir, solo que a veces es un taxi, o un bus viejo y oxidado, pero siempre te está transportando a tu destino.

De esta manera uno puede construir colaboraciones y comunidades positivas que te ayuda a encontrar lo que necesitas.

Para encontrar el formato o la plataforma perfecta, lo primero es ser honesto y buscar conexiones reales y tratar de alejarse de los celos, la envidia y de utilizar recursos o personas sin pagar respetos o contribuir justamente en cualquier interacción. Esto incluye nuestras interacciones con la naturaleza, los Koguis de Colombia y muchas otras gentes originales, hablan de pagamentos: contribuciones energéticas, espirituales y reales a la inmensa inteligencia natural que después de todo nos creó.

Estas cosas hay que tenerlas en cuenta cuando intenta armar a un mundo que nosotros tenemos el poder de crear y de beneficiar.

Así que el formato de lo que uno produce se va dando naturalmente, hoy en día, esta crisis ofrece una oportunidad, en el caso de la música podemos asociarnos y reorganizar nuestro contexto (la “industria” que somos nosotros mismos), dándole mas valor personal y espiritual y luego esto se puede convertir en satisfaction, recursos o dinero.

¿…y como te gustaría que sea en el futuro?

Un mundo con menos barreras donde la música se aprecie por lo que es: ¡UNA NECESIDAD HUMANA!

¿Qué piensas del trabajo colaborativo en comunidad? ¿Trabajas en otros proyectos?

Siento que mi vida como la de los de mas, ha sido una colaboración, desde mi nacimiento.

Existe el condicionamiento individualista, para poder vender cosas de una manera infinita, pero el resultado de esta separación, ha sido menos que ideal para la tierra.

Así que para mí, lo más natural es colaborar, y cuando empezamos a ampliar nuestra vision de lo que es una comunidad terminamos por apreciar y respetar a todos y a todo, esto nos da una verdadera oportunidad de vivir en harmonía.

Si nos vemos cómo una parte pequeña del todo, tal ves nos daríamos cuenta que muchas veces malentendemos a la naturaleza, que es bondadosa y nos entiende, no salvaje y ajena.

Velasierra Quintet

¿Anhelas las giras? ¿Qué planes tienes para este año?

Realmente amo tocar y compartir con gente en carne y hueso. ¡Sí! extraño mucho las giras, ha tocado adaptarse. Teníamos nuestra gira más extensa preparada antes de que llegara la pandemia, pero después del choque inicial, que fue fuerte, nos hemos enfocado a la parte visual y a componer para, radio, cine y teatro.

Más adelante tenemos varios proyectos: un nuevo álbum y el desarrollo de un ensamble que hemos llamado Witch ’n’ Monk Extended con el grupo de música contemporánea LUX:NM, el montaje de un proyecto de “teatro promenade” que tomará lugar en Inglaterra.

Poco a poco esperamos que las restricciones se vayan relajando, y como dúo y pareja que compartimos el mismo espacio, creo que será más fácil hacer conciertos al aire libre.

Para saber más sobre Mauricio y sus proyectos, aquí les dejamos sus redes y contacto:

Website: www.witchnmonk.com

Instagram: www.instagram.com/velasierra

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