La ciudad y las luces: escribir desde lejos

Introducción al mocoso de Rummelsburg – Parte 1

Soy hijo de esta ciudad pegajosa
me adoptó con 18 años
recién cumpliditos
mientras fumaba tabaco de liar cerca del Boxhagener Platz
ciudad gris
con mucha gente que viste de negro
ciudad de muebles rotos abandonados
el “Flair” de Berlín para el hipster
basura romantizada para otros
Berlín, para el resto
larga lucha para sentirme en casa
y eso me hace feliz
porque aquí siento que no soy de nadie y de nada
lugar de lugares, de gentes varias que buscan su espacio en la urbe
batalla campal por un techo
ciudad neoliberalizada aunque duela reconocerlo
la pandemia me hace odiarte
por eso escribo
si el invierno nos golpea
el virus nos aniquila
la poca vida que frío nos ofrece
quiero volver a quererte pero es difícil
dame un verano a la altura y veremos

Soy el mocoso de Rummelsburg
por insolente y por sinusitis crónica
disfruto de esta ciudad en la que me hice adulto
comportándome como un niño
jugando a la indecencia
siendo yo mismo
y siendo otros cuando me convenía
esquivando algunas drogas
abrazando otras
meando cada esquina
robando libros en Dussmann
fumando esa marihuana del parque
que me quitó como 20 puntos de CI
el único de la escuela
que vivía solo
el sueño del pibe
departamento sin calefacción
ese invierno inolvidable
escarcha en el suelo del baño
retrete roto, Hausverwaltung desaparecida
cagando en el Arkaden por varios meses
hongos en la pared
arreglaron la calefa
finales de enero
immerhin
pero era invencible
éramos
mi inseparable amigo el pintor
llegaba a mi cuarto cada noche
a mostrarme sus cuadros con cuadrados de colores
hablándome de Mondrian, de sensaciones y texturas
fumábamos Marlboro rojo como quien come patatas fritas
eso era lo que importaba
el resto
un detalle
bohemia semi adolescente
mucha marihuana
Sterni a 50 centavos en Warschauer Straße
Madame Claude y Cake
todo era fin de semana
aun así
a las 8 am en la sala de clases
olor a cerveza inconfundible
un cenicero con patas
pero ahí estaba
levantando la mano con los ojos rojos
métanse con mis notas
no con mi vida
profe de historia que reclamaba por mi aliento a alcohol
profe de arte que se reía de mi aliento a alcohol
gracias al segundo hoy escribo
y a mi amigo el pintor
Abitur con “sehr gut”
por lo tanto
Suck my kiss

Tanto tiempo ha pasado ya
y me gustaría contarles más
pero no es así como funciona
la escritura es como un date alemán
para el sexo primero hay que encontrarse unas tres veces

van a ser 14 años en abril
de los cuales llevo 6 diciendo que me voy
pero aquí sigo
porque eres un collage que me agrada
porque amo tus calles vivas
y caminar calladito
mirando
porque eres como yo
escribes en desorden
tu trinchera es el caos
noches largas que se alargan con cada jalada
tiempos a destiempo, zombies en el metro de mañana
y sus mandíbulas torcidas
que pareciera que nos sonríen
pero aquí sigo
aunque me cueste amarte
aunque tu mal humor contagie
aquí
la amabilidad es como tu vecino
prácticamente inexistente
cuando aparece
no sabes qué hacer con él.


En “La ciudad y las luces: escribir desde lejos” nos damos el espacio de vomitar preguntas, a veces en forma de afirmación o divagues, por ejemplo acerca de lo bello, definido a partir de determinadas coordenadas temporo-espaciales del hoy, pero que mañana pueden ser otras y que por momentos pueden virar de lo real a lo abstracto imaginario etéreo.

Mirar algo del paisaje, escribirlo para colocarlo como epígrafe de alguna fotografía que junto con una canción genere un efecto de teletransportación a algún lugar en particular que nunca es igual, pero que a veces, cada tanto, se parece al de otrxs.

Foto, canción y texto, y que todo eso junto sea un paseo.

Sección curada por Lucía Pereyra

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