SOL UNDURRAGA

Mujer Gallina (Sol Undurraga), curiosa e inconformista, partió de su Chile natal siguiendo el lema “nunca es tarde para hacer algo”.

¿Cómo te presentarías brevemente?

Mi nombre es Sol, aunque trabajo también con el nombre de Mujer Gallina, que muchas veces es más que un nombre y tiene una personalidad bien definida. Ella es el lado punk de Sol.

Vivo en Alemania, pero soy chilena y lo más cierto es que no siento que soy ni de aquí ni de allá.

Soy dibujante y a veces pienso que soy artista, pero no le doy muchas vueltas a eso.

¿Cómo recuerdas tu vida en Chile?

La recuerdo muy familiar, donde tuve suerte porque eso fue muy lindo. Mi familia era chistosa y siempre había muchos amigos en la casa. Tengo una hermana que habla mucho y saca todos los temas sobre la mesa, la otra que es músico y ella tocaba siempre con su cuarteto en la casa, mi hermano que era muy travieso y extremadamente chistoso y yo y mi hermana las discípulas del hermano travieso.

Pero Chile era muy fome en esa época, era una vida muy juzgada y nunca encajé. Chile fue donde crecí, y en ese minuto era entre dictadura y postdictadura, osea nada muy chispeante, bien pacato, muy aburrido y la plata era como la nueva biblia. Bueno, era el experimento del neoliberalismo, no quedaba duda que el domingo todos quisieran ir al mall a hacer shopping.

Crecí en un país en donde las casas se pintaban de color damasco y se les ponía reja  y un perro en la entrada que diera miedo. A tus treinta ya tendrías que  pensar en ser una persona seria. En ese minuto era un país en donde no se veía muy bien la diversidad en todo ámbito. Realmente, muy aburrido.

¿Realizaste tus estudios en Chile?

Si, ahí estudié y me aburrí mucho también. Solo gocé los primeros 2 años de la Universidad. Pero era muy duro estudiarlo y no quedaba otra que pasarnos las noches haciendo maquetas y fumando pito. Lo malo es que yo no pude fumar mucho porque me bajaba una paranoia horrorosa. Después el grupo se disolvió y no encontré hasta mucho tiempo más tarde un buen grupo de amigos, que en una carrera como arquitectura es muy importante, porque es tu vida completa que esta carrera te toma. En los años que me aburri, escuche la música más depresiva que existía,  que ya ni puedo escuchar porque me  siguen llevando a las tinieblas. Estaba tan deprimida que mi adorable papito me compró una bicicleta, en ese  tiempo que pocos andaban en bici y no había ciclovías. Era extremadamente peligroso, pero como andaba media hardcore, así como Mujer Gallina, adoraba andar entre los autos y las micros escuchando música y pedaleando lo más rápido que podía.

La verdad me hizo tan feliz, que por fin logré salir de esa adolescencia tardía. Así que un día fuí a una oficina en la Universidad para pedir un intercambio, y así me fuí.

La Playa, saposcat publishing house

¿Es ahí cuando empiezas a tener tus primeras experiencias fuera del país?

En la mitad de la carrera me fuí a Ciudad de México, un lugar que llenó mi corazón.

Cuando llegué a CDMX me quedé en un lugar que se llamaba ¨La casa de los amigos¨ y es un centro de paz y entendimiento de los Cuáqueros en Ciudad de México. Es una casa muy linda, era la de Orozco, muy activa, muy humana y muy poco ostentosa.

Por esos accidentes de la vida, me terminé quedando ahí, trabajando como voluntaria y conociendo a personas hermosas. En esta casa llegaban muchas personas de distintos lugares vinculadas a temas de migración, de derechos humanos y también algunos punks y activistas.

Esta casa fué el punto que cambió mi vida y la manera de ver las cosas. Sentía que por fin había encontrado un lugar en donde ya no me sentía tan extraña. Comencé a dibujar y publicar en algunas revistas. 

Obvio que el corazón también me había cautivado y modificado y a pesar que no haya sido por tanto tiempo, tener a personas alrededor tuyo con enfoque social así de lindo, es algo que estaré agradecida por toda mi vida. Pero era muy cuáquero y yo tengo esa Mujer Gallina que a veces es muy brava.

Me quedé en México por un rato, también trabajé en una oficina de arquitectos, que a pesar que era otra cosa completamente distinta, el jefe y mi colega me caían muy bien. Pero el trabajo en el Autocad me aburría mucho, incluso un día me quedé dormida. Mi jefe era un buena onda, y a pesar de todos los chascarros me apoyaba en todo. 

Tenía 25 años y como tenía ese pasado de escuchar esos folkies gringos, me entusiasmé en irme por tierra a USA. Y me fui, tenía la excusa perfecta de que una hermana estaba por allá.

Llegué a Pittsburgh, a los pocos días tenía una bicicleta. Fuí a la fiesta de la biblioteca y de repente me gritan “¡Sooooool!”, era una de estas punks activistas que me había encontrado en La casa de los amigos. Y así, mi amiga Andalucha, me presentó a toda su banda.

En México no solo fue la experiencia de vivir afuera sino además conocer el punk ¿cómo fue eso?

Fue accidental, yo no escuchaba punk, escuché más hip hop por un compañero de U que era punk, pero me gustaba la cumbia y esas cosas.  Pero yo era folkie en mi casa y bien aburrida pa la música, en mi infancia perseguí  a Sol y Lluvia y me gustaban Los Jaivas, unos grupos de música chilenos que siempre tocaban en las demos donde estaba la Gladys Marín. Bueno, muy chileno el tema.

El punk lo conocí por el mundo de los activistas. Hay mucho de conexión en algún punto de la vida. De ahí empecé a ir a ver a bandas punk tocar y ¡¡¡WOUU!!!, realmente fue algo impactante ¿cómo no llegué a eso cuando tenía 13 o 14 años? La verdad es que culpo a esa aburrida y asquerosa educación católica, sumado a un país marcado y dañado  por una Dictadura. Ojalá que no me salga Mujer Gallina por estas líneas, así que mejor cambio de tema.

El sapito Glo, Glo, Glo. Liebre publishing house. Chile

Da la impresión que no le tienes miedo a cambiar de dirección…

En USA aprendí por medio de mis amigos que nunca es tarde para hacer algo, así que lo tomé como lema de vida. Conocí el punk y otros soportes para pintar. Otras formas de vida, de fiestas y de todo.

Lo de dibujar creo que para mí siempre ha sido como mi mejor pasaporte, porque siempre engancho con alguien que le gusta y quiere hacer algo, o si no lo hago sola. En USA publicaba un cómic en un diario de esos como de feria,  pero era una página completa. Me gustaba mucho hacerlo y hablaba sobre el tema de la migración en Estados Unidos, el ser latino allá, ese racismo que uno lo ve por todos lados.

En Estados Unidos dibujé un montón, pinté con mi amigo Mika e hicimos unos dibujos grandes que pegamos por allá. 

Bueno, pero para ser sincera yo cambio mucho, imagínate que ahora estoy  pegada con un playlist que hice de reggaeton y que me sube mucho cuando ando en bici.

Pero al final el hecho de dibujar y de vivir de una forma y de pensar de una manera más radical  te hace acercarte al  mundo del punk. 

Pero yo no soy punk, me gustaría. Pero en el fondo soy una maníaca que le gusta el detalle y el papel cortado sin ningún error. 

Por eso mis dos nombres, de repente sale Sol con su apellido rimbombante y de repente Mujer Gallina.

ZORRO CHULETA_Cataplum Publishing house, Colombia

Teniendo en cuenta que estudiar en Chile es un gran sacrificio, ¿recuerdas cómo fue la transición entre entrar al mundo del dibujo y abandonar tu profesión de arquitecta?

Fue cuando viví en la favela de Rocinha, fui a un voluntariado a trabajar para hacer unos techos verdes. Estaba convencida que era mi proyecto para muchos años, pero no resultó por miles de factores. Así que me acerqué a Tio Lino, un hombre mayor que trabajaba en la favela haciendo clases de arte para intentar vincular a los niños de la favela en el mundo del arte y sacarlos un poco del contexto de armas con el que se vinculaban todos los días. Él me enseñó mucho, con su ejemplo de vida. Un hombre que cree que el arte puede cambiar mucho más de lo que todos creen. Creo que le empecé a ver el sentido a intentar ser artista, al arriesgarse a vivir de una vida distinta. 

Y una vez tomada la decisión de dejar la carrera de arquitecta, ¿cuáles y cómo fueron tus primeros pasos en el mundo del arte?

Ha sido muy lento, a veces retrocedo. Pero cuando gané unos premios por un libro que hice con L´Agrume, una editorial francesa, las cosas fueron armándose un poco mejor. Pero soy honesta y la pandemia me ha obligado nuevamente a replantearme todo.

La Plage, L´Agrume publishing house

¿Qué te llevó a mudarte a Berlín?

El amor. Nunca pensé en venirme a Berlín. Ahora tengo un hije y un buen grupo de amigos y ya no me muevo tanto, porque como que se me quedaron los pies amarrados al suelo.

Dejando de lado lo profesional, ¿cómo te llevas con la ciudad?

La amo y la odio.

¿Crees que aquí es una buena base para vivir como dibujante? ¿Dónde crees que están puestos los ojos?

Vivir como dibujante, por lo menos para mí, no ha sido un camino muy fácil. Pero muy lindo.

Lamentablemente, si hablo del mundo editorial los ojos están puestos en Europa, es una pena porque afuera de este continente se hacen cosas maravillosas.

¿Habitualmente trabajas sola o en equipo?

Ambas, depende en qué.

Tus trabajos van desde libros infantiles hasta posters contestatarios. ¿Crees que tocar temas tan sensibles te coartan otros tipos de trabajos?

Seguro que a muchos no les debe gustar, pero nunca he intentado caerle bien a todos.

¿Cómo fue transitar octubre/noviembre de 2019 estando tan lejos de Chile? ¿Pudiste participar de alguna manera?

Estaba colgada en internet, dibujé mucho en esa época. Y este año, para el aniversario del 19 de octubre organizamos una fiesta hermosa con el Kollektivo Czentrifuga acá en Berlín.

Si quieres conocer y ver más de Sol puedes seguirla en sus redes e investigar su página web:

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